Fidel Castro en contexto

Castro anuncia la mobilización general luego del anuncio del Bloqueo de Cuba por parte de EEUU. [Getty Images]

Los logros del revolucionario ante la intromisión de EEUU lo convirtieron en un poderoso símbolo de resistencia contra la hegemonía.

 

Los EEUU han representado siempre a Cuba como una amenaza existencial. [Library of Congress - Washington]

Los EEUU han representado siempre a Cuba como una amenaza existencial.
[Library of Congress – Washington]

Hasta el año 2006, Fidel Castro, el líder revolucionario de Cuba que muerto a los 90, fue sujeto de nada menos que 638 conspiraciones de asesinato por la CIA.

El diario The Guardian detalla que estas han ido desde ordinarias intrigas de bombas y disparos hasta propuestas más absurdas, como una que incluía “un traje de buceo preparado para el que sería infectado con hongos que causarían una crónica y debilitante condición cutánea”. 

A primera vista, por supuesto, podría parecer extraño y exagerado que un súper poder global participara en esfuerzos neuróticos por más de medio siglo para sacar de líder de una isla nación más pequeña que el estado norteamericano de Pennsylvania. 

Pero, fue realmente un simple caso de neurosis-por-la-neurosis-misma?

Luego del triunfo de la revolución cubana de 1959, el establishment político estadounidense se esforzó para representar el país no solo como un desastre ideológico, sino también como un bastión de malevolencia y una amenaza existencial.  

En 1960, el entonces senador John F. Kennedy habló de Cuba como una “amenaza comunista” arriesgando “la seguridad de todo el Hemisferio Occidental” y preguntando “cómo la Cortina de Hierro pudo haber avanzado casi hasta nuestro patio delantero”.

Incluso en el 2002, más de una década después del colapso de la Unión Soviética, Estados Unidos señaló a Cuba como una de las tres nuevas adiciones a su “eje del mal” basados en su alegada (léase: alucinada) búsqueda de armas de destrucción masiva.

La Campaña para satanizar a Castro asociándolo a escenarios apocalípticos no toma en cuenta el hecho de que cuando se trata de amenazas existenciales, EEUU sin duda se lleva el premio – es decir, amenazas para la existencia como la conocemos.  

La Crisis de los misiles en Cuba, por ejemplo, es recordada por la propaganda americana oficial como el momento en que los soviéticos llevaron al mundo al borde de la guerra nuclear al colocar misiles balísticos en Cuba.

En realidad, la instalación de dichos misiles fue posterior a la instalación en Turquía de los misiles nucleares Jupiter, apuntando a la Unión Soviética y en medio de una ofensiva terrorista americana cortesía del presidente Kennedy en contra de Cuba, en la cual los misiles soviéticos constituían el único método disuasorio.

Así mismo, como Noam Chomsky ha explicado, los EEUU rechazaron ofertas justas y razonables de parte de Nikita Khrushchev, el líder soviético, para acabar la crisis de los misiles, prefiriendo,  aparentemente, apostar con el destino de la humanidad.

Refiriéndose al doble estándar según el cual los EEUU juzgan sus propios misiles con respecto a aquellos de los demás, Chomsky comenta con ironía: “Un poder balístico americano vastamente superior y entrenado sobre el mucho más débil y vulnerable enemigo soviético jamás podría ser cataloga como una amenaza para la paz, pero nosotros somos los Buenos, como tanta gente en el hemisferio occidental y más allá pueden testificar – entre muchísimos otros, las víctimas de la guerra terrorista que EEUU estaba librando en esos tiempos contra Cuba.

 

Libertad para el capital

 

En su discurso de 1960, Kennedy se quejó de que Castro había “confiscado más de mil millones de dólares en propiedades americanas” – un giño a los motivos financieros detrás de la satanización del hombre que había derrocado al dictador represivo y favorable a la élite corporativa, el amigo de EEUU, Fulgencio Batista.  

Por supuesto, no se vería muy bien si Estados Unidos reconociera que su preocupación principal en Cuba es la libertad para el capital americano. Por lo que un engañoso eufemismo es empleado: Aquello por lo que los EEUU se preocupa en Cuba, según escuchamos una y otra vez, es la “libertad del pueblo cubano”.

La conmoción generada por EEUU con respecto a los prisioneros políticos cubanos y la escasez de libertad de prensa y expresión se vuelve poco convincente a la luz de la historia americana de asesinatos de disidentes y sus esfuerzos por institucionalizar la censura, como en los casos de Chelsea Manning y Edward Snowden.

La completa falsedad detrás del móvil de la libertad cubana se ve confirmada por el hecho de que Estados Unidos ocupa una porción del territorio cubano sobre la cual maneja una prisión ilegal dedicada a las detenciones indefinidas, la tortura, la alimentación forzosa y la completa aniquilación de las libertades de varios no-cubanos.

Para aclarar, la Cuba de Castro nunca fue un dechado de libertad de expresión y los derechos relacionados. Cuando visité Cuba por un mes en el 2006, algunos de los detractores políticos con los que hablé solo pronunciaban el nombre de Castro en susurros.

Otros no tenían empacho alguno en ventilar sus quejas en voz alta, como los familiares de mi padre en la provincia oriental de Granma, quienes culpaban personalmente a Castro por su incapacidad para remodelar el baño desde 1962.

A pesar de que Cuba no califica objetivamente como una sociedad libre, es importante señalar que las limitaciones a la libertad en Cuba no ocurren en el vacío. En su lugar, ocurren en una isla expuesta, que durante toda su historia contemporánea, ha estado en la mira del imperio.

Dado el sostenido esfuerzo de Estados Unidos para derrocar a Castro y el Sistema cubano mismo, con la ayuda de exiliados cubanos fanáticos con tendencias al terrorismo y al sabotaje, la paranoia del Estado quizás no ha sido infundada. Las medidas de seguridad represivas surgidas como consecuencia califican en esencia como una reacción y un resultado de la política vengativa de EEUU.  

 

El verdadero peligro

 

Existen, mientras tanto, numerosas libertades en las que la Cuba de Castro no ha escatimado. Mucho puede mencionarse, como por ejemplo, la libertad de vivir sin preocuparse por el acceso a comida, refugio, atención médica y educación – todo lo que es proveído por el Estado Cubano a sus residentes.

A pesar del constante rebuzne a través de las últimas décadas sobre la amenaza cubana, Castro nunca representó un peligro físico para EEUU. En un artículo del 2010 sobre el sistema de salud cubano para The Independent, Nina Lakhani resaltó cómo un “modelo holístico enfocado en la prevención… ha ayudado a Cuba a alcanzar uno de los niveles de salud más envidiables del mundo”.

 

A pesar de gastar una fracción de lo que Estados Unidos gastaba entonces per cápita, Cuba disfrutaba de menor mortalidad infantil que su vecino del norte – sin mencionar la mayor cantidad de doctores por persona en el mundo.

Además de popularizar la fundamentalmente anti-humana perspectiva de un Sistema de salud como un servicio orientado a la ganancia, EEUU también es reconocido por la rampante falta de hogares, una salvaje desproporción de detenciones y encarcelamiento de gente negra, un sistema de educación superior que atrapa a los estudiantes en una debilitante deuda y colegios que confiscan y desechan las loncheras de los niños cuando sus padres se retrasan en los pagos por alimentos.

Que Cuba sea capaz de satisfacer necesidades básicas sin cobrar es, hasta cierto punto, prueba de los programas sociales son útiles cuando una nación no gasta trillones en devastadoras guerras.

En lugar de exportar catástrofes, la Cuba de Castro se ha enfocado en exportar doctores. El New York Times reportó en el 2009 que, “En los 50 años desde la revolución, Cuba ha enviado más de 185,000 profesionales de la salud en misiones médicas a por lo menos 103 países”.

Un doctor cubano empleado en una clínica gratuita en Venezuela me subrayó alguna vez otra discrepancia entre la política exterior americana y la cubana: “Nosotros también peleamos en las zonas de guerra, pero para salvar vidas”.  

Dichos logros son mucho más notables dado el contexto en el que han ocurrido, caracterizado por la depredación imperialista, un punitivo embargo económico y la histeria de una beligerante y políticamente influyente comunidad cubana exiliada en Florida, a solo 160 km de las costas cubanas.

Es en este contexto que el legado de Fidel debe ser analizado. Y es este contexto el que lo reviste de legitimidad como símbolo de la resistencia ante la hegemonía.

A pesar del constante lloriqueo sensacionalista a través de las décadas pasadas sobre la amenaza cubana, Castro nunca significó un peligro físico para los Estados Unidos. Más bien, el peligro siempre se encontró en el ejemplo que representaba, que expuso la posibilidad de desafiar el pernicioso y auto-declarado monopolio americano sobre la existencia humana – y por el cual amerita ser recordado como un héroe.  

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en Al-Jazeera News. (Traducido por: Daniel Espinosa)

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belen

Acerca del autor
 Belén Fernández es la autora de The Imperial Messenger: Thomas Friedman at Work, publicado por Verso. También colabora con la edición de la revista Jacobin (en inglés).
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