Sesgo Criminal

By Ramirez

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Daniel Espinosa
Si bien el sesgo periodístico es tan antiguo como el periodismo en sí, la consolidación de enormes corporaciones y monopolios mediáticos en las últimas décadas parece estar llevando su práctica hacia la aceptación tácita de nueva ‘normalidad’ que considero extremadamente peligrosa.
En esta nueva normalidad, el parcializarse, por ejemplo, en favor de Hillary Clinton por sobre Donald Trump, es una decisión moral y socialmente consciente, pues de acuerdo con el discurso mediático, aquella es una mujer ejemplar y capaz, moral, más allá de sus errores. En cambio Trump encarna una serie de antivalores absolutamente reprobables, y solo los elementos “no educados” de la sociedad podrían votar por él.

La lectura expuesta, que parece ser la que hacen una enorme mayoría de medios masivos a lo largo y  ancho del mundo occidental, es la consecuencia natural de un periodismo estructuralmente sesgado, que entre otras muchas características, pasa por alto la acción concreta en favor del discurso. ¿Será que la acción concreta ha rebasado cualquier límite excusable?

En este caso la acción concreta, los actos, la realidad, se encuentran representados en siete guerras de agresión (el “crimen internacional supremo”)[1] en las cuales Clinton tuvo un papel importantísimo, determinante en el caso de Libia, por ejemplo, como Secretaria de Estado de EEUU.[2] Además de las aventuras bélicas, políticas explícitamente orientadas al beneficio corporativo, son el sello de Obama y su entorno, que recibió en el 2008 del Citigroup una lista con la cual luego conformaría dicho entorno, como revelara WikiLeaks en los mails de John Podesta.[3]

La mujer que participó activamente en la destrucción de Iraq y Libia, en las guerras de Siria, con sus cientos de miles de muertos y millones de refugiados, llevando drones y muerte a control remoto a Somalia, Pakistán, Yemen y Afganistán, donde Estados Unidos tiene aún 10 mil soldados, a 15 años de la invasión, es en discurso, y solo en discurso, “feminista”, o una “campeona de los derechos de los niños alrededor del mundo”. Esto, que sería una broma de mal gusto si no fuera tan catastrófico y estuviera empapado en la sangre y el sufrimiento de incontables mujeres y niños que no creen en el feminismo de Clinton. Pero esto es lo que muchos medios masivos parecen ver en ella, así lo dieron a entender de cara a las recientes elecciones norteamericanas.

La magnitud del sesgo periodístico en los medios masivos está estrechamente relacionada con la ignorancia y credulidad de su audiencia, pero también a la de sus periodistas.

 

Realidad sin profundidad

Cuando Arabia Saudí bombardea un funeral en Yemen asesinando a 140 personas e hiriendo a más de 500, medios como El Comercio no mencionan que lo hacen con armamento y asistencia logística de Estados Unidos y el Reino Unido, cuyos oficiales se encuentran en las bases de operaciones saudíes supervisando los ataques aéreos sobre Yemen, uno de los países más pobres del mundo.[4] Son los representantes no oficiales del complejo industrial-militar angloamericano, agentes de ventas y demostraciones que van a su casa sin cargo adicional.

Getty Images

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Tampoco que la dictadura saudí ha invertido millones en la Fundación Clinton, así como han invertido millones en la propagación del extremismo yihadista, particularmente en Siria, donde los intereses de Clinton y el gobierno de Obama son clarísimos, como documentos y pruebas (que los medios masivos no tocan) demuestran.[5]

¿Cómo vender estos y otros personajes nefastos a las masas de otra manera que no sea condenándolas a la ignorancia? Funciona incluso mejor llenando las redacciones de los diarios y los sets de televisión de gente sin ningún interés por la realidad, ignorantes supinos y burgueses redomados.

Es natural entonces leer que cuando ganó Trump, “ganó el odio”, como señala Patricia del Río en su columna de opinión para El Comercio. ¿Cómo podría ella conocer los detalles mencionados aquí, tomados de entre decenas de ejemplos, si no forman parte del discurso de los medios masivos? Refiriéndose a Trump:

“Incitar el racismo, la homofobia, la discriminación no es simplemente un error, es un atentado contra la sociedad que, a lo largo de la historia, ha sido el preámbulo de terribles atropellos”. (El Comercio, 10/11/16)

¿Qué hay de los terribles atropellos contra millones en el Medio Oriente que ya han tenido lugar, llevados a cabo al son del discurso liberal de Obama y su Secretaria de Estado?

El desparpajo y la absoluta negligencia con los que Clinton promovió y luego celebró (“We came, we saw, he died”) el desastre que ahora es Libia tampoco figura en las páginas de El Comercio, mucho menos los reportes del Parlamento británico que detallan sin ahorrar condena las verdaderas razones de la invasión: petróleo. Y la base argumental para la invasión: mentiras y tergiversaciones.[6] ¿Pero por qué habría de estar al tanto de estos detalles?

Imaginemos ahora a algún orate asegurando que una victoria de Clinton hubiera sido una victoria de la masacre de inocentes y la destrucción de sociedades, cuestiones en las que Trump aún no tiene experiencia alguna. Sobra decir que eso hubiera sido impublicable.

Me pregunto si no son estos conocimientos indispensables para cualquiera que desee tocar el tema de la política norteamericana de manera seria, o para cualquiera que desee reproducir discursos políticos, o peor aún, proponerlos como ciertos

Tomemos el ejemplo de Fidel Castro, a su muerte, el espectro aceptable de la discusión en muchos medios masivos parece discurrir entre si Castro fue un reprochable tirano o el mismísimo demonio encarnado. Si un periodista desea ejercer su libertad de expresión en El Comercio, El Mercurio, La Tercera, El Clarín o El Tiempo, puede elegir entre ese variado rango de opciones.  Eso no es un problema, para integrar estos medios es indispensable saber cuál es el enfoque “correcto”. Al tomar uno de los extremos de este angosto margen de discusión, algunos hasta podrían ser llamados radicales. A eso le llamamos “libertad de expresión”.

 

Tiranos dignos vs tiranos indignos

El periodista Ignacio Ramonet se refiere así al frenesí mediático que despertó la muerte de Fidel Castro y estas ilusiones de libertad de expresión que constantemente vemos en los medios masivos:

 

“La represión contra mi persona empezó en 2006, cuando publiqué en España mi libro «Fidel Castro. Biografía a dos voces» -o «Cien horas con Fidel»- (Edit. Debate, Barcelona), fruto de cinco años de documentación y de trabajo, y de centenares de horas de conversaciones con el líder de la revolución cubana. Inmediatamente fui atacado. Y comenzó la represión. Por ejemplo, el diario «El País» (Madrid), en el que hasta entonces yo escribía regularmente en sus páginas de opinión, me sancionó. Cesó de publicarme. Sin ofrecerme explicación alguna. Y no sólo eso, sino que –en la mejor tradición estalinista- mi nombre desapareció de sus páginas. Borrado. No se volvió a reseñar un libro mío, ni se hizo nunca más mención alguna de actividad intelectual mía. Nada. Suprimido. Censurado. Un historiador del futuro que buscase mi nombre en las columnas del diario «El País» deduciría que fallecí hace una década…”.[7]

 

Podemos darnos el lujo de participar en esta suerte de conversación sin saber demasiado sobre el personaje real, y especulo que es así como muchos columnistas y directores de algunos de los medios señalados han escrito sobre Castro, pues lo importante es, finalmente, qué representa y cuál es el consenso conveniente que se puede promover entre los lectores.

A primera vista, el observador ingenuo se llevaría la impresión de que el móvil detrás de la condena casi uniforme del dictador es una mezcla de principios democráticos como la libertad de expresión, la libertad para elegir gobernantes o algo tan elemental como la libertad de movimiento o la protección de los derechos humanos, sin embargo la condena es selectiva.

¿Por qué entonces la muerte de otros líderes con pecados comparables es tocada con guantes de seda?

King Abdalá. Reuters.

King Abdalá. Reuters.

En el 2015 murió “Abdalá, el cauteloso monarca reformista de Arabia Saudí”, es decir el tirano que gobernó sobre ese feudo medieval que es Arabia Saudí, rico en petróleo y aliados occidentales.[8]  La descripción señala que “consiguió contener las amenazas de la red islamista Al Qaeda…”, nuevamente el juego de la doble realidad y la ausencia absoluta de contexto o profundidad.

En la realidad “profunda”, la que no cabe en medios masivos y es desconocida por sus periodistas, Arabia Saudí es el generoso promotor y financista del extremismo islamista que violenta diariamente cada rincón del Medio Oriente y alternativamente el mundo. Pero quizás lo justo sea felicitar al “reino” por empezar a frenar el financiamiento yihadista. Su participación en el surgimiento de Al-Qaeda en Afganistán a principios de los ochentas es un factor histórico indiscutible y ampliamente documentado.[9]

¿Debemos suponer que El Comercio no tiene acceso a esta información?

Continuamos con la celebración del “monarca”: “En el marco regional, apoyó inicialmente a los regímenes autocráticos de Túnez y Egipto frente a los levantamientos populares que acabaron por derrocarlos, pero ofreció apoyo material a los rebeldes en Siria…”. Volvemos al financiamiento de Al-Qaeda, que en Siria se hace llamar Jahbat al-Nusra y de acuerdo (incluso) con el periodismo tradicional, controla a la oposición “moderada”.[10] El artículo sugiere que deberíamos felicitar al régimen Saudí por armar y financiar el yihadismo que ha destruido Siria bajo el disfraz de “oposición moderada”, con el apoyo disciplinado y casi total de los medios masivos occidentales, quienes jamás dudaron en obtener su información de dos fuentes altamente parcializadas como los White Helmets y el Syrian Observatory of Human Rights, localizado en Coventry, Reino Unido.[11]

El artículo sobre Abdalá, el cauteloso monarca reformista, es una muestra de que incluso a la tiranía más abyecta puede reconocérsele alguna cuestión positiva si esta existe y la intención es mostrar balance. No se ha extendido el mismo trato a Cuba, cuya situación no es comparable con la de Arabia Saudí en cuanto a derechos humanos y libertad de expresión, país donde las mujeres están prohibidas de conducir autos o mostrarse en público con la cabeza descubierta.

La editorial de El Comercio (“Sin Absolución”, 27 de noviembre, 2016) deja entrever el terror que sienten los fundamentalistas del libre mercado ante cualquier personaje que promueva ideologías distintas a aquella por la cual lucran a manos llenas. La lectura que hacen de su vida es 100% negativa y termina por compararlo con Hitler, nada menos.

“Ninguna satrapía del continente, efectivamente –y, como se sabe, han sido abundantes– se ha sostenido 57 años, ni ha sido tan minuciosa en su proscripción de la libertad de prensa y la actividad política opositora”.

El extracto citado es falso excepto por el tiempo especificado y pone de manifiesto un ensañamiento que difícilmente veríamos de parte de El Comercio en contra de esas otras dictaduras que menciona de paso, sobre todo las de derecha, promovidas directamente por Estados Unidos, la fuerza intocable que promueve nuestro desarrollo aquí en el Tercer Mundo. Paciencia, está llegando.

Al hablar de Guatemala, donde luego de ser depuesto Arbenz en 1954 por la CIA, se instauraron regímenes militares que luego de décadas dejaron un saldo de 200 mil muertos, El Comercio ni siquiera menciona que Estados Unidos tuvo un rol indiscutible y decisivo ahí, en El Salvador y en Nicaragua, su “patio trasero”. Y estamos hablando de decenas de artículos que con motivo de los juicios a los victimarios centroamericanos comenzaron a circular en la prensa en los últimos años, lo que efectivamente constituye un logro de relaciones públicas. Ese conocimiento “profundo” de la política y la historia internacionales está reservado para los investigadores.

El sesgo de El Comercio no es único. El Mercurio, otro ‘decano’ del periodismo latinoamericano, compite duramente por el premio a la descontextualización histórica y la tergiversación descarada.  En “Cepal celebra al dictador” (4 de diciembre 2016) Roberto Ampuero opina:

“…Chile -CEPAL tiene sede en Santiago- también exhibe un historial de violencia, dolor y muertes debido al castrismo. Como sabemos, el dictador instigó y financió la vía armada en Chile desde la década del 60, cuando éramos una democracia ejemplar, y entre 1971 y 73 hostigó la vía pacífica del gobierno de Salvador Allende a través de las acciones de la ultraizquierda”.

 

Nada sobre la presencia de la CIA en el Mercurio, sobre la violencia en favor de las élites que se desató dirigida desde Estados Unidos por Henry Kissinger, premio Nobel de la Paz. Nada sobre el Comité Church, que como parte de las investigaciones que el Senado estadounidense hacia sobre la CIA, reveló el “apoyo” financiero por más de un millón y medio de dólares que recibió este ilustre decano del periodismo chileno para combatir la “amenaza roja”. Nada sobre las acciones encubiertas que resultaron en el derrocamiento violento de Allende, elegido de manera democrática por en esa democracia “ejemplar”.[12]

¿Qué sentido tiene la libertad de expresión cuando solo un restringido rango de opiniones son permitidas en los medios masivos? Volvemos a Ignacio Ramonet:

“Mi caso no es único. Conozco -en Francia, en España, en otros países europeos-, a muchos intelectuales y periodistas condenados al silencio, a la ‘invisibilidad’ y a la marginalidad por no pensar como el coro feroz de los medios dominantes, por rechazar el ‘dogmatismo anticastrista obligatorio’. Durante decenios, el propio Noam Chomsky, en Estados Unidos, país de la «caza de brujas», fue condenado al ostracismo por los grandes medios que le prohibieron el acceso a las columnas de los diarios más influyentes y a las antenas de las principales emisoras de radio y televisión.

Esto no ocurrió hace cincuenta años en una lejana dictadura polvorienta. Está pasando ahora, en nuestras ‘democracias mediáticas’. Yo lo sigo padeciendo en este momento. Por haber hecho simplemente mí trabajo de periodista, y haberle dado la palabra a Fidel Castro. ¿No se le da acaso, en un juicio, la palabra al acusado? ¿Por qué no se acepta la versión del dirigente cubano a quien los grandes medios dominantes juzgan y acusan en permanencia?”

 

En el Perú, el Grupo El Comercio, en México, Televisa, En Argentina, Clarín, y así sucesivamente. Cada uno de los países de la región y de la mayoría del mundo occidental se encuentran secuestrados en el ámbito de la información. Si hubiera que señalar un denominador común, además, por supuesto, de que todas son corporaciones altamente lucrativas y disciplinadamente orientadas al beneficio, sería que todos presentan la superficie del mundo como realidad, fundamentados, qué duda cabe, en la ignorancia de sus audiencias.

Para las masas, la superficie de la realidad basta y sobra. El resto es progreso, hacia allá vamos, como las estadísticas económicas señalan pero la más patente realidad desmiente. ¿Cuándo firmamos los tratados de libre comercio que con tanta angurria[13] promueven El Comercio y sus subordinados, deberíamos asumir que el grueso de los beneficios de estos no irán a parar a los mismos bolsillos de siempre?

Mientras tanto el ciudadano de a pie pagará sumas exorbitantes por medicamentos que en algunos casos necesita para sobrevivir y cualquier pretensión de soberanía quedará en ridículo. Mientras tanto Cuba sigue prestando servicios médicos gratuitos alrededor del mundo y fabricando un buen porcentaje de sus propias medicinas. Cuando el huracán Katrina azotó Estados Unidos sus autoridades se negaron a permitir el ingreso de doctores cubanos listos para ofrecer su ayuda a la comunidad afectada, mayoritariamente negra y pobre.[14]

 

El cuento de ‘el otro’

Cuando mueren cientos o miles de personas en alguna región del mundo, por alejada que esté de nosotros, y nuestros medios masivos siguen hablándonos de los pormenores políticos locales, lo que están haciendo queda claro: nos están sugiriendo que eso es más importante, además de fingir una soberanía que no poseemos. Nos sugieren que los detalles de la mediocre y la corrupta clase política local valen más que entender por qué allá están padeciendo y siendo masacrados hombres y mujeres que son nada más y nada menos que nuestros hermanos y hermanas, que valen más los chismes de farándula que cualquier gesto, por mínimo o inútil que parezca, de reconocer sus vidas y muertes y comprender qué está detrás de esas tragedias.

El resultado es claro: división entre los seres humanos, la falsa percepción de que ‘el otro’ no tiene nada que ver con uno, que su sufrimiento es esencialmente distinto y las causas que lo suscitaron, desdeñables. Pero sobre todo, que la sociedad humana no es responsabilidad de cada uno de nosotros. Observemos lo que muchos intelectuales ya han señalado antes: las víctimas del enemigo son dignas de nuestra atención e indignación, las nuestras o de nuestros aliados, no existen.

Conocemos perfectamente los detalles de las víctimas de los tiranos que Occidente está a punto de derrocar, los Gaddafi, los Hussein o los Assad, pero nada de Timor Oriental, Yemen, Guatemala o la República del Congo. Los primeros tienen en su contra al aparato propagandístico occidental, presto y disciplinado cuando se trata de apoyar la agresión bélica y la satanización de todo lo no-alineado, el segundo grupo está condenado a no haber existido jamás, a constituir un pie de página en el relato de los logros y conquistas de los ‘grandes hombres’ que llevan libertad al mundo.

Esperemos que no sea demasiado idealista soñar con un futuro en el cual los dueños de la verdad sean responsabilizados por su indispensable rol en crímenes de lesa humanidad, mientras el argumento de la ‘libertad de expresión’ se desgasta, y nuestras sociedades tengan acceso a una verdadera pluralidad de ideas. Mientras tanto, fundamentalismo de mercado y desdén por la vida de ‘el otro’.

 

Notas:

[1] “Desencadenar una guerra de agresión no es solamente un crimen internacional: es el crimen internacional supremo y sólo difiere de los otros crímenes de guerra por el hecho de que los contiene todos”. Asociación Americana de Juristas. La Agresión Contra Irak: Crimen Internacional y Crímenes de Guerra (América Latina en Movimiento, 21/04/03)

 

[2] Becker, Jo y Shane, Scott. Hillary Clinton, ‘Smart Power’ and a Dictator’s Fall (New York Times, 27/02/16)

 

[3] Dayen, David. The Most Important WikiLeaks Revelation Isn’t About Hillary Clinton (The New Republic, 14/10/16)

 

[4] Greenwald, Glen. US and UK Continue to Actively Participate in Saudi War Crimes Targeting of Yemeni Civilians (The Intercept, 10/10/16)

[5] Judicial Watch. JW v DOD and State 14-812 DOD Release 2015 04 10, página 289. (Judicial Watch, 18/05/15) [http://www.judicialwatch.org/document-archive/jw-v-dod-and-state-14-812-dod-release-2015-04-10/]

[6] House of Commons Foreign Affairs Committee. Libya: Examination of intervention and collapse and the UK’s future policy options. Third Report of Session 2016-17 (UK Parliament, 09/14/16)

[7] Ramonet, Ignacio. Fidel Castro y la Represión Contra los Intelectuales (America Latina en Movimiento, 07/12/16)

[8] Abdalá, el Cauteloso Monarca Reformista de América Latina. (El Comercio, 22/01/15)

[9] BBC News. Al-Qaeda’s Origins and Links (20/07/04 <http://news.bbc.co.uk/2/hi/middle_east/1670089.stm>)

 

[10] Porter, Gareth. Reporting (or Not) the Ties Between US-Armed Syrian Rebels and Al Qaeda Affiliate (FAIR, 21/03/16)

[11] Cockburn, Patrick. This is Why Evertything you Know About the Wars in Syria Could be Wrong (The Independent, 02/12/16)

[12] Church Committee. “Covert Action in Chile: 1963-1973”. Staff Report of the Select Committee to Study Governmental Operations with Respect to Intelligence Activities, Senado de los Estados Unidos, 18 de diciembre de 1975”. Washington, U.S. Government Printing Office, 1975, Apéndice A, página 149.

[13] La edición de El Comercio del sábado 19 de noviembre de 2016 dedica la primera plana y varias páginas a APEC, resaltando sin balance alguno los milagros del libre comercio.

[14] Murray, Mary. Katrina Aid from Cuba? No Thanks, says U.S. (NBC NEWS, 14/09/05)

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