Un largo y ruidoso aplauso recorre Chile, desde Arica a la Antártica, para la jueza Romy Rutheford Parentti que ha encarcelado a dos ex comandantes en jefe del Ejército. Formados en la escuela de Pinochet robaron miles de millones de pesos al Estado.

Lo confieso: nunca creí que un juez chileno (en este caso una jueza) se atrevería a tanto. Pero es verdad: ahí están, presos en el Batallón de Policía Militar, los generales Juan Miguel Fuente-Alba Poblete y Humberto Oviedo Arriagada, ex comandantes en jefe del Ejército. El primero -detenido desde hace cuatro meses- fue designado en el cargo por el primer gobierno de Sebastián Piñera. A su vez el general Oviedo desempeñó la comandancia en jefe en el segundo gobierno de Michelle Bachelet.

En rigor no son los únicos ex comandantes en jefe del Ejército detenidos por orden de un magistrado civil. Antes lo fue el general Juan Emilio del Sagrado Corazón de Jesús Cheyre Espinosa. Detenido por orden del juez de la Corte de Apelaciones de Santiago, Mario Carroza, y luego por el juez de la Corte de Apelaciones de La Serena, Vicente Hormazábal.

Generales Fuente-Alba y Oviedo

La diferencia está en que Cheyre (designado comandante en jefe por Ricardo Lagos, con quien compartió en España las negociaciones para terminar con la dictadura), está acusado de torturar prisioneros políticos en el Regimiento Arica de La Serena; y a los generales Fuente-Alba y Oviedo se les acusa de malversar fondos públicos.

¿Qué es peor? Torturar y asesinar personas indefensas o robar dinero al Estado?

Unos y otros, criminales y/o ladrones, calzan perfectamente en la escuela del despotismo y el desprecio a todas las normas éticas del general Augusto Pinochet Ugarte.

Además de las miles de víctimas del terrorismo de estado, Pinochet quebró todos los récords de corrupción de los dictadores latinoamericanos que se han distinguido en el asalto al tesoro público. Las investigaciones judiciales han comprobado, hasta ahora, que Pinochet acumuló una fortuna de 28 millones de dólares, apropiándose de fondos reservados de la Presidencia de la República y de la Comandancia en Jefe del Ejército.

Pinochet utilizaba 125 cuentas corrientes bancarias -con diversas identidades- y coleccionó más de 35 bienes raíces. Su desempeño como comandante en jefe se puede comparar, sin exageración, con los delitos de Al Capone, el pandillero norteamericano.

Los generales Fuente-Alba y Oviedo siguieron el ejemplo vergonzoso de Pinochet. Como aquel, echaron mano a fondos reservados y a gastos de turismo de lujo (en lo que piadosamente la prensa llama “arista agencias de viajes”) para saquear al Estado.

No son los únicos generales y altos oficiales procesados por robo. También hay otros 33 imputados de Carabineros. Están acusados de defraudar más de 30 mil millones de pesos que harta falta hacen a los paupérrimos hospitales del país.

No siempre nos avergonzaron los militares y carabineros. Conocimos oficiales honestos y leales al honor profesional. El coronel Gordon (no recuerdo su nombre) era recaudador en la Copec, donde yo era junior, y dejaba los pies en la calle cobrando facturas para ganarse su sueldo. Muchos militares y carabineros jubilados, como él, trabajaban para redondear sus modestas pensiones.

El coronel Víctor Calvo -que murió exiliado en Inglaterra- fue nuestro compañero en el Campo de Prisioneros de Chacabuco. El compañero Víctor nos dejó un recuerdo de honorabilidad y firmeza en sus convicciones democráticas que no olvidaremos. Al teniente Mario Melo Pradenas, oficial de la Escuela de Paracaidistas del Ejército, lo conocimos como militante del MIR y miembro de la escolta del presidente Salvador Allende. Lo asesinaron, después de inferirle horrendas torturas, en el campo militar de Peldehue.

Ellos, como muchos otros soldados de antes y de ahora, pertenecen al ejército que comandaron Carrera, O’Higgins, San Martín y Freire, y no al de Pinochet y sus cómplices.

A los soldados, marinos, aviadores y carabineros que mañana compartirán con el pueblo la construcción de una sociedad diferente, justa e igualitaria, los exhortamos a condenar sin vacilaciones la conducta inmoral de sus generales de hoy.